El momento
      es un artículo de Jabier Salutregi Mentxaka, Director de Egin, publicado en GARA el 19 de septiembre de 1999.


      El momento

      Jabier Salutregi Mentxaka * Director de "Egin"

      Cada vez que desde las entrañas del abertzalismo alguien fija fecha para intentar siquiera acariciar o vislumbrar el halo de la libertad de Euskal Herria, otro alguien ­siempre indefectiblemente desde el PNV­ pospone ad infinitum la posibilidad de establecer el día y la hora de intentar alcanzarla en base al sesudo argumento de que todavía no es el momento.

      La hora de la verdad para el partido jelkide, debe esperar. Y esta espera, que tampoco tiene fecha límite, se borrará definitivamente del calendario cuando el magma voraz de Europa acabe por entreverar todos los ismos de todas las nacionalidades de la Unión, y desde el sagrado individualismo propugnado por los nuevos ideólogos del peneuvismo, un pluralismo plurinacional, plurisocial, pluricultural y plurieconómico abra paso a una situación de esquizofrenia política donde la multiplicidad de personalidades nacionales devorará a las pequeñas naciones hasta hacerles perder su verdadera identidad.

      Decía Ibarretxe, y lo decía con buena intención, que "no da miedo el futuro sino el pasado". Con este pensamiento se refería el lehendakari del sudoeste de Euskal Herria a un triste y reciente pasado lleno de sufrimiento y de dolor que, no obstante, no impide pensar que ese futuro, cuando deje de serlo, pueda llegar a ser también pasado que infunda espanto. El futuro no da miedo si se construye desde el presente y se emplaza a la libertad para a ella aproximarse. Por el contrario, el futuro también infunde temor cuando se desconoce qué nos va a deparar, cuando se nos presenta desconocido, desesperanzado y sin metas tangibles a las que tocar con la punta de los dedos.

      Justo en la línea contraria, y aunque la amargura del pasado también les envuelve, se encuentran el PP y el PSOE, dos partidos que se empeñan en estirar el presente hasta convertirlo en futuro permanente. Para ellos, al contrario que para el PNV, el momento para que Euskal Herria hable con voz propia y sea aceptada su voluntad ya pasó y, como mal menor, esperan que si hubiera de fijar cita con las urnas, ésta sea en un futuro muy remoto. Para darse cuenta de cuál es la sencilla estrategia, sólo hace falta recordar la satisfacción de los medios de comunicación del nacionalismo español cuando tras las últimas elecciones, luego de arduos y complicados ejercicios cabalísticos, comprueban la más mínima tendencia a la baja del nacionalismo vasco. En su opinión los años van desgastando la ilusión abertzale, por ello es cuestión de aguantar en el tiempo el ímpetu y la voluntad de este pueblo.

      Es por esto, y por muchas otras cuestiones que no tienen cabida en esta página, que en estos momentos en los que Euskal Herria sueña despierta con su ilusión, España se ejercita en el arte de tapar y ocultar la razón. Y en este empeño no pierden momento para dar por enterrado con inusitada celeridad al acuerdo de Lizarra-Garazi, aun cuando muy a su pesar el muerto que ellos dicen goza de muy buena salud ¿De lo contrario, qué razón tiene la vigencia del frente español organizado por PP y PSOE?

      Desde las trincheras del nacionalismo español se juega al zafio contrargumento y todas las bayonetas comunicativas del PP y PSOE se apuntan a la salmodia de definir a Lizarra-Garazi como un pacto frentista y excluyente que quiere imponer la construcción nacional de Euskal Herria, haciendo olvidar que desde Madrid se quiere imponer una Constitución nunca aceptada por los vascos y un Estatuto en el que ya casi nadie cree.

      No deja de ser sorprendente que dentro de este sucio juego de intentar tapar la razón vasca, en un ramalazo de burdo ingenio, el PSOE haya incluso aceptado que en Euskal Herria "hay conflicto de violencia no político". Al parecer, los vascos somos gente tan rara como hábil que nos encanta crear un "conflicto de violencia" con un Estado sin que ello roce lo político.

      Un año después de firmado el pacto de Lizarra, un año después de un alto al fuego de carácter indefinido, el balance del tiempo transcurrido no deja de ser cuando menos sorprendente en tanto que su resulatado apunta con nitidez quien es el que mantiene la voluntad de alcanzar la paz de la justicia. Veamos:

      Todas las partes de ese "conflicto" coinciden en aceptar como único punto satisfactorio el hecho de que durante un año se haya mantenido la tregua.

      Del mismo modo, todos, a excepción del PP, coinciden en denunciar la falta de diálogo y el inmovilismo del Gobierno español como factores negativos.

      En política el que calla no otorga. Es por esto que no existe sombra de duda para saber que el nacionalismo español quiere estirar el presente aun cuando con ello provoque miedo al futuro. Y por ello está y seguirá en silencio, mudo y sordo, esperando a que Euskal Herria siga quieta, sin fijar fechas, a la espera de un momento que algunos aguardan desde hace ya cien años, sin darse cuenta de que la cuestión es de decisión y no de tiempo. Y para esto cualquier momento es bueno.

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